Apnea del Sueño

RONQUIDO, APNEAS Y RESPIRACIÓN BUCAL

El síndrome de apnea del sueño o SAOS (Síndrome de Apnea Obstructiva del Sueño), es, junto con el insomnio, uno de los trastornos nocturnos más frecuentes. Sin embargo, se conoce desde hace poco más de 30 años. Afecta a un 2 a 4 por ciento de la población adulta, fundamentalmente a varones. 
La respiración bucal es en nuestro estudio el denominador común favorecedor de síntomas y de patologías respiratorias con repercusiones clínicas diferentes.
Esta respiración bucal (RB) se encuentra asociada a ronquido simple, síndrome de resistencia de las vías aéreas superiores (UARS o SRVAS), y a la Apnea Obstructiva del Sueño-también llamada Síndrome de apnea Obstructiva- o síndrome del Sleep Apnea (AOS, SAOS, OSAS o SAS).
¿Quién puede padecerlo?
Los síntomas más frecuentes que llevan a sospechar este trastorno son los ronquidos importantes, las pausas respiratorias nocturnas y una tendencia al sueño excesiva durante el día.
El síndrome de apnea obstructiva del sueño se produce por un colapso o cierre de la vía aérea superior a la altura del paladar y la base de la lengua principalmente, que produce una ausencia (apnea) o disminución (hipopnea) de la respiración de forma transitoria. La obstrucción puede deberse a distintos factores: La mandíbula o el maxilar son pequeños, puede existir obstrucción nasal, el paladar es muy grande y flácido o la base de la lengua es demasiado gruesa.
Existen factores predisponentes para desarrollar este problema como son los problemas anatómicos de la vía aérea superior (mala ventilación nasal, trastornos de la faringe con un excesivo tamaño de las estructuras que los forman), malformaciones maxilofaciales o cifoescoliosis y problemas médicos generales como la obesidad, algunos trastornos endocrinos, trastornos neuromusculares, etc. De todos ellos el más frecuente es la obesidad. Así, más del 60 por ciento de las personas que padecen este trastorno son obesos.
¿Cómo se diagnostica?
Para valorar la necesidad de tratamiento ha de realizarse en primer lugar un diagnóstico. Hay otros trastornos nocturnos y otras enfermedades que pueden provocar despertares frecuentes o somnolencia durante el día, sin que se deban a pausas respiratorias. También hay roncadores que no tienen un síndrome de apnea de sueño. Por eso es imprescindible realizar un estudio de sueño (poligrafía cardio-respiratoria o polisomnografía), en el que se registran el flujo aéreo, la frecuencia cardiaca, el esfuerzo ventilatorio, el nivel de oxigenación sanguínea y, cuando sea posible, las fases del sueño. Con esta prueba se hace un diagnóstico de la enfermedad y se establece el grado de severidad en función del número de pausas, su duración, la desoxigenación que provocan y la asociación a trastornos de la frecuencia cardiaca. Además, sirve para establecer el tratamiento y ver si éste es efectivo.
¿Cuál es su tratamiento?
La llamada CPAP (Presión Positiva Continua en vía Aérea), empleada desde 1981, es el mejor tratamiento del síndrome de apneas obstructivas del sueño. Consiste en un aparato que envía aire ambiental a una presión determinada, venciendo así el cierre de la vía respiratoria y evitando las pausas respiratorias. La CPAP evita los trastornos respiratorios y normaliza el transcurso del sueño, desapareciendo la somnolencia y los problemas que todo el trastorno provoca. El aparato es sencillo y manejable, genera una presión de aire que se transmite a través de un tubo hasta una mascarilla que se ajusta a la nariz, o en ocasiones a nariz y boca. Existen diversas mascarillas de diferentes formas y tamaños para adecuarse a las necesidades. Habitualmente se tolera bien, aunque pueden surgir pequeños problemas como sequedad, congestión nasal, dolor de cabeza, frío, daño de la piel sobre la que se apoya la mascarilla, etc., que se han de intentar resolver a través de un contacto adecuado con el médico responsable y la empresa suministradora. Normalmente estos problemas se pueden resolver mediante medidas locales. Algunos pacientes toleran mejor otro tipo de sistemas que crean dos niveles de presión en cada respiración (llamados Bi-PAP). Este aparato disminuye la presión de aire cuando usted expulsa el aire que respira. La CPAP «inteligente» o auto-CPAP genera una presión que se adapta a los requerimientos, aunque su coste es mayor y su uso no está aún muy extendido.
Junto a la CPAP es imprescindible iniciar un tratamiento dietético con objeto de eliminar el sobrepeso y evitar las comidas copiosas o la ingesta de bebidas alcohólicas y sedantes antes de acostarse, ya que favorecen las pausas respiratorias. En muchas personas el trastorno puede mejorar de forma importante e incluso resolverse únicamente con el descenso de peso.
La cirugía de la vía aérea superior, sobre el paladar o sobre el maxilar, puede ser beneficiosa en algunas personas que no toleran bien el tratamiento con CPAP y que tienen alteraciones anatómicas claras.
Avance bimaxilar en las personas con la mandíbula o el maxilar disarmonicos. Se trata de posicionar el maxilar superior, la mandíbula y la musculatura de la base de la lengua que está insertada en la mandíbula y en el hioides, con el fin de dejar por detrás espacio suficiente para evitar la obstrucción cuando el paciente está dormido.
Uvulopalatofaringoplastia, consistente en la eliminación de parte del paladar blando, de la úvula, que es muy gruesa en algunos pacientes y obstaculiza la respiración; igualmente puede procederse a la reducción de la base de la lengua.
Ha de ser el especialista quien juzgue las posibilidades terapéuticas de las intervenciones en cada caso. Mientras en unos pacientes el diagnóstico es muy claro, en otros el otorrinolaringólogo primero realiza la cirugía de partes blandas y, si todavía no hay espacio suficiente para el paso normal del aire, el cirujano maxilofacial puede recurrir al avance bimaxilar. En personas con mala ventilación nasal y alteraciones anatómicas nasales una intervención de dicha zona puede facilitar la eficacia del tratamiento con CPAP y mejorar los síntomas.
Existen dispositivos intraorales que, colocados en la boca, producen un adelantamiento de la mandíbula y pueden ser útiles en determinados casos, por lo general leves o moderados, y principalmente en personas con malformaciones maxilofaciales. No cómodos para dormir no lo toleran con frecuencia.
Los dispositivos extraorales, cómodos y sencillos, impiden la respiración bucal presionando el labio inferior. La eficacia es elevada en el 80% de sujetos que respiran por la boca , reduciendo o suprimiendo ronquido y apneas del sueño. De fácil uso y cómodos estos dispositivos reeducan la respiración nasal. En el mercado el primer dispositivo patentado “cinta respiratoria nasal“ esta comercializada con el nombre de cirena.
¿Es peligroso tener un síndrome de apnea del sueño?
Las posibles complicaciones derivadas de este trastorno son múltiples. La somnolencia excesiva hace que estas personas tengan más accidentes de tráfico, con un riesgo hasta tres veces mayor que las personas que no lo padecen, lo cual desaparece tras el tratamiento adecuado. Por el mismo motivo existe un mayor riesgo de accidentes laborales.
La presencia de un síndrome de apnea de sueño incrementa los riesgos de enfermedades cardiovasculares como hipertensión arterial, arritmias cardiacas, cardiopatía isquémica y accidentes cerebrovasculares (ictus). Se ha observado que hasta el 50 por ciento de personas con SAOS tienen hipertensión arterial, y que el 30 por ciento de los hipertensos tienen un SAOS. Las apneas repetidas producen un incremento de la tensión arterial durante la noche.
Por todo ello siempre que se encuentre un SAOS importante, por el número o características de las pausas respiratorias o con síntomas importantes, ha de iniciarse un tratamiento.